Cada etapa del proyecto responde a una pregunta concreta sobre la memoria dominicana: qué documentos faltan, qué casas se pierden, qué relatos no se han transcrito. Esta cronología resume los momentos que definieron el método de trabajo.
Se recorrieron doce manzanas de la Ciudad Colonial para registrar fachadas, patios y elementos mudéjares. El resultado fue un catálogo fotográfico de 47 inmuebles con su estado de conservación.
Se escanearon más de 300 folios de protocolos del siglo XVIII que mencionan dotes, testamentos y compraventas de esclavos. Estos documentos permitieron reconstruir tres linajes completos.
Se grabaron 28 conversaciones con familias que conservan memorias orales sobre la vida doméstica entre 1900 y 1960. Los audios fueron transcritos y contrastados con fuentes escritas.
Se trazó la evolución urbana de la calle El Conde entre 1750 y 1950, señalando talleres, comercios y residencias. El mapa se acompaña de una ficha de contexto social por edificio.
Se habilitó un canal para que vecinos y estudiosos compartan fotografías antiguas, cartas familiares y relatos heredados. Cada aporte se verifica, se cataloga y se incorpora al archivo con su debida atribución.
Quiénes somos Crónicas de la Ruta Colonial es un proyecto editorial independiente que documenta la historia doméstica, la arquitectura patrimonial y las tradiciones orales de la República Dominicana entre los siglos XVIII y XX.
Para quién trabajamos Investigadores, estudiantes de historia, genealogistas aficionados y curiosos de la herencia caribeña que buscan fuentes primarias, mapas históricos y relatos de primera mano sobre la vida en los barrios coloniales.
Cómo lo hacemos Cada crónica se construye con documentos notariales, fotografías restauradas, entrevistas a descendientes de linajes históricos y recorridos narrados por calles empedradas. Publicamos una ficha de contexto social y un mapa descargable con cada entrega.
Nuestro tono Escribimos como quien abre un álbum familiar antiguo: con respeto por la fuente, atención al detalle cotidiano y una mirada que prefiere la anécdota verificada al eslogan. La memoria se preserva contando bien, no adornando.
El proyecto nació de una pregunta sencilla: qué queda de la vida doméstica colonial en los documentos y en la memoria de las familias. Desde entonces, cada etapa ha sumado una capa distinta al archivo, sin perder el hilo de la crónica local.
Entre 2016 y 2018 se revisaron protocolos notariales y registros parroquiales de la Ciudad Colonial. El trabajo de campo se concentró en Barahona y Santo Domingo, donde se localizaron más de doscientos expedientes familiares que luego sirvieron de base para las primeras fichas genealógicas.
En 2019 el proyecto dio un giro: además de documentos, empezamos a grabar entrevistas a descendientes de linajes históricos y a artesanos de oficios en extinción. Esa decisión cambió el tono del archivo, que pasó de ser una colección de papeles a un registro de voces vivas.
Durante la pandemia se consolidó un círculo de lectores y colaboradores que comenzó a enviar fotografías antiguas, cartas y relatos familiares. Hoy esa red aporta cerca de la mitad del material inédito que se publica cada trimestre en las crónicas ilustradas.
En 2022 se lanzó la primera versión del mapa histórico de la ruta colonial, con capas que cruzan arquitectura patrimonial, leyendas urbanas y oficios tradicionales. Cada publicación incluye ahora una ficha de contexto social y una galería de imágenes restauradas.
El fondo documental supera ya los mil cuatrocientos registros catalogados, y las entrevistas grabadas suman más de sesenta horas. El archivo se consulta desde escuelas, universidades y centros de investigación del Caribe, lo que confirma que la memoria doméstica también es materia de estudio.